El Gobierno busca que circulen más pesos y bajen las tasas para apuntalar el consumo y el crédito. Pero marzo cerraría con inflación por encima de febrero y el alivio llega con bancos más selectivos.
A pocos días del cierre del primer trimestre, el plan oficial para darle más oxígeno a la economía sigue mostrando avances parciales. La estrategia del equipo de Luis Caputo combina dos movimientos: bajar el costo del dinero y, al mismo tiempo, recomponer la cantidad de pesos que circulan en la economía. La idea es que ese proceso de remonetización ayude a empujar el crédito, el consumo y, en definitiva, la actividad. Pero por ahora el despegue se hace esperar.
La llamada “fase 4” del esquema monetario fue presentada por el Banco Central en diciembre, con un objetivo concreto: acompañar la recuperación de la demanda de dinero y llevar la base monetaria del 4,2% al 4,8% del PBI hacia diciembre de 2026. Según ese diseño, la expansión debía ser abastecida sobre todo con compras de divisas en el mercado oficial.
En los hechos, sin embargo, el mecanismo todavía no terminó de traducirse en más liquidez para la economía. El Banco Central ya compró más de USD 3.300 millones en lo que va del año, pero buena parte de los pesos emitidos para pagar esas divisas fueron luego absorbidos por el Tesoro en sus colocaciones de deuda. El resultado es que la remonetización sigue siendo, por ahora, más un objetivo que una realidad palpable en la calle.
En paralelo, el Gobierno empuja una baja de tasas para abaratar el financiamiento y estimular la actividad. El sistema financiero mantiene niveles elevados de liquidez, según el BCRA, y eso empieza a reflejarse en una reducción del rendimiento en pesos y en mejores condiciones para parte del crédito comercial. Pero el traslado no es uniforme: en los bancos, el dinero más barato sigue concentrándose en los clientes con mejor perfil, mientras que para los segmentos más riesgosos el acceso continúa restringido.
Ese es uno de los límites más visibles de la estrategia oficial. Aunque la liquidez aumentó y el crédito en moneda extranjera siguió creciendo, el saldo real del crédito al sector privado en pesos cayó 1,9% en enero, afectado sobre todo por las líneas comerciales y de consumo. Medido en términos interanuales, el financiamiento todavía muestra una mejora real, pero el arranque de 2026 dejó en evidencia que la transmisión entre política monetaria y economía real sigue siendo frágil.
Además, el deterioro en la calidad de cartera empieza a jugar en contra. El último Informe sobre Bancos del BCRA mostró que en enero las financiaciones al sector privado en situación irregular llegaron al 6,4% del total; la mora en familias trepó al 10,6% y en empresas al 2,8%. En paralelo, reportes privados advirtieron que las pymes se encuentran entre los segmentos más comprometidos, con niveles de irregularidad superiores al promedio empresario y mayores dificultades para refinanciarse.
En ese contexto, la apuesta oficial enfrenta una dificultad adicional: la inflación no termina de ceder al ritmo que esperaba el mercado. El INDEC informó que febrero cerró con un IPC de 2,9%, mientras que las consultoras privadas ya proyectan para marzo un registro por encima del 3%, impulsado por alimentos, combustibles y transporte. El REM publicado por el BCRA a comienzos de marzo también mostró un ajuste al alza en las expectativas de inflación para 2026.
Por eso, en el equipo económico y entre los analistas hay una lectura compartida: la baja de tasas puede aliviar, pero no alcanza por sí sola para encender la economía. Para que el proceso tenga impacto real, hace falta que la remonetización efectivamente llegue al sector privado, que el crédito crezca de manera más amplia y que la desaceleración inflacionaria vuelva a tomar ritmo. Hasta ahora, esa secuencia todavía no apareció completa.
La expectativa del mercado es que ese movimiento pueda empezar a verse con mayor claridad desde abril, cuando ingresen más dólares de la cosecha gruesa y haya más margen para sostener compras de reservas sin ahogar la plaza en pesos. Pero incluso en ese escenario, el Gobierno deberá resolver una tensión de fondo: cómo inyectar liquidez para reactivar consumo y crédito sin volver a presionar sobre los precios ni sobre el dólar. Ese equilibrio es, hoy, uno de los desafíos centrales del plan de Caputo y Santiago Bausili.