Estudios del IDEAus-CONICET ubicaron restos de dos menores entre 10.400 y 11.000 años, un dato clave para la Patagonia y la historia argentina.
El descubrimiento de restos humanos en Camarones volvió a colocar a la costa chubutense en el centro de una discusión científica de alcance nacional: cómo fue el poblamiento temprano de la Patagonia y qué marcas dejaron aquellas primeras comunidades en un territorio que todavía conserva buena parte de su memoria bajo tierra.
La investigación, realizada por especialistas del IDEAus-CONICET y con participación de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, permitió determinar que los restos corresponden a dos individuos jóvenes que vivieron entre 10.400 y 11.000 años atrás. Según los estudios bioantropológicos, uno de ellos era un niño o niña de entre 8 y 9 años, mientras que el otro pertenecía a un adolescente de entre 12 y 15 años.
El dato central surge de los análisis de Carbono 14, que permitieron establecer la antigüedad de los restos y precisar que no eran contemporáneos entre sí. Esa diferencia temporal no reduce la importancia del descubrimiento: por el contrario, amplía el valor del sitio, porque muestra una ocupación humana antigua y compleja en una zona costera que, hasta hace pocos años, no ocupaba el primer lugar en los mapas del poblamiento inicial de la región.
El hallazgo ocurrió de manera fortuita en 2020, durante una excavación vinculada a una instalación de gas. Lo que comenzó como una obra cotidiana en una localidad pequeña terminó derivando en una intervención científica de alto impacto. Desde entonces, el trabajo de campo y los estudios posteriores permitieron reconstruir parte de la escena arqueológica y ordenar la información para su análisis técnico.
Los restos fueron encontrados en Camarones, una localidad ubicada sobre la costa atlántica de Chubut, con una fuerte identidad ligada al mar, la historia provincial y el patrimonio natural. En ese contexto, la aparición de evidencias humanas de semejante antigüedad adquiere un valor que excede al dato científico: también interpela a las instituciones locales, al sistema educativo y a las políticas de preservación patrimonial.
La investigación contó con apoyo del CONICET y de la Society for American Archaeology, además del trabajo de equipos especializados en arqueología, bioantropología y análisis de materiales. El abordaje permitió identificar restos óseos, estudiar su ubicación en el terreno y avanzar en una lectura más amplia del sitio.
Para la comunidad científica, los llamados “Niños de Camarones” representan una pieza relevante dentro del debate sobre las primeras poblaciones del extremo sur del continente. La antigüedad estimada los ubica entre los restos humanos más antiguos de la Patagonia y entre los más viejos registrados en la Argentina.
El caso también expone la importancia de los equipos de investigación con base territorial. En una provincia extensa, con obras, rutas, instalaciones urbanas y actividades productivas que avanzan sobre zonas sensibles, la presencia de especialistas permite actuar con rapidez cuando aparece material arqueológico. Esa articulación entre ciencia, Estado, municipios y comunidad resulta decisiva para evitar pérdidas irreparables.
En Camarones, el descubrimiento abrió una nueva etapa para pensar el patrimonio local. No se trata únicamente de restos antiguos, sino de una evidencia concreta sobre formas tempranas de vida humana en la región. Cada fragmento recuperado aporta información sobre edad, condiciones biológicas, prácticas de entierro y posibles vínculos con el ambiente costero.
El desafío ahora queda planteado en dos planos. Por un lado, profundizar los estudios científicos para conocer más sobre esos individuos y el contexto en el que fueron enterrados. Por otro, construir herramientas de resguardo y divulgación que permitan que el conocimiento no quede limitado al ámbito académico.
En una provincia acostumbrada a discutir sus recursos naturales desde la urgencia económica, este descubrimiento introduce otra dimensión del territorio: la de la memoria profunda. Camarones, con sus costas, su historia y su escala comunitaria, suma así un capítulo central en la investigación sobre los primeros habitantes de la Patagonia.