El Parlamento rumano destituyó al primer ministro Ilie Bolojan y abrió una crisis política que amenaza reformas, fondos europeos y estabilidad económica interna.
El gobierno de Rumania cayó este martes 5 de mayo después de que el primer ministro Ilie Bolojan perdiera una moción de censura en el Parlamento. La iniciativa reunió 281 votos, una cifra ampliamente superior a los 233 necesarios para derribar al Ejecutivo. Bolojan, referente del Partido Nacional Liberal y conductor de una administración proeuropea, queda ahora como premier interino con facultades limitadas hasta que se forme un nuevo gobierno.
La crisis se aceleró luego de la salida del Partido Socialdemócrata de la coalición oficialista. Ese espacio, distanciado de Bolojan por el ajuste fiscal, terminó votando junto a la oposición nacionalista de AUR. El quiebre expuso la dificultad del oficialismo para sostener medidas de austeridad, entre ellas subas impositivas y recortes del gasto público, presentadas por el premier como necesarias para recuperar confianza de los mercados y ordenar las cuentas públicas.
El impacto fue inmediato en el frente económico. La moneda rumana, el leu, cayó a un piso récord frente al euro, mientras crecían las dudas sobre el déficit presupuestario y el acceso a unos 10.000 millones de euros en fondos europeos atados a reformas. En Bruselas, el desenlace genera inquietud porque Rumania es un socio clave del flanco oriental de la Unión Europea y una pieza sensible en la arquitectura política regional.
El presidente Nicușor Dan llamó a mantener la calma y anticipó que buscará formar un nuevo gobierno prooccidental sin adelantar elecciones. El margen, sin embargo, aparece estrecho: los liberales de Bolojan y otros sectores reformistas no muestran disposición a recomponer una alianza con los socialdemócratas, mientras el PSD reclama cooperación política y un primer ministro interino. La disputa combina cálculo parlamentario, tensión económica y una pulseada sobre el rumbo europeo del país.
La caída del gobierno no solo abre una negociación institucional. También deja expuesta la fragilidad de una coalición que intentó sostener reformas impopulares sin una base parlamentaria sólida. Rumania deberá ordenar una nueva mayoría en un contexto de recesión, déficit alto y presión social, mientras el oficialismo saliente busca conservar el perfil proeuropeo y la oposición intenta capitalizar el costo político del ajuste.