El Presidente volvió a respaldar a su jefe de Gabinete mientras Bullrich sostiene pedidos de explicaciones y la oposición busca llevarlo al Congreso por su patrimonio.
La crisis alrededor de Manuel Adorni pasó de ser un expediente incómodo a convertirse en un ordenador político dentro del Gobierno. Javier Milei volvió a respaldar al jefe de Gabinete en una reunión con ministros y buscó cerrar filas frente a las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito, viajes y movimientos patrimoniales. El gesto no solo apuntó a proteger a uno de sus funcionarios de mayor confianza, sino también a marcar autoridad interna en un momento en el que Patricia Bullrich pidió explicaciones públicas y la oposición empezó a medir votos para interpelarlo en el Congreso.
El dato político es que el caso ya no se lee únicamente en clave judicial. Expone una tensión dentro del oficialismo: el Presidente intenta sostener la idea de unidad, mientras sectores propios advierten que el tema erosiona el discurso anticorrupción y complica la agenda legislativa. En paralelo, la oposición busca transformar el desgaste en una ofensiva institucional, con el Congreso como escenario.