Leandro Massaccesi salió a defenderse tras su salida de Capital Humano, negó irregularidades por el crédito hipotecario y apuntó a una ruptura política con Pettovello.
El exjefe de Gabinete del Ministerio de Capital Humano, Massaccesi, rompió el silencio después de que Sandra Pettovello le pidiera la renuncia en medio de la polémica por un crédito hipotecario del Banco Nación. El ahora exfuncionario eligió sus redes para fijar posición, rechazar cualquier sospecha de privilegio y dejar una frase que buscó marcar distancia con el final de su paso por el área: “Lamento el desenlace”.
En ese descargo, Massaccesi sostuvo que no hubo irregularidades en la operación y que el préstamo fue gestionado junto a su pareja para acceder a una primera vivienda. También remarcó que cumplió con todos los requisitos exigidos y buscó cerrar la discusión sobre una eventual ventaja por ocupar un cargo en el Estado. En el texto que difundió escribió: “No cometí ningún acto ajeno a la ley” y “No vine a la política a servirme de ella”, dos definiciones que apuntaron directo al eje del escándalo.
La salida de Massaccesi se conoció en una jornada cargada de versiones cruzadas dentro del oficialismo. Una primera lectura indicó que Pettovello resolvió apartarlo de manera preventiva después de que trascendiera que figuraba entre los beneficiarios de los créditos hipotecarios lanzados por el Nación, en un contexto de fuerte sensibilidad política por cualquier movimiento vinculado a funcionarios y financiamiento público. Esa fue la línea que varios medios dieron como explicación inicial del desplazamiento.
Pero con el correr de las horas apareció otra versión, más áspera y más política, que cambió el foco del caso. Según fuentes del Gobierno citadas por Noticias Argentinas y replicadas por otros medios, a Massaccesi no lo corrieron por haber tomado el crédito en sí, sino por una pérdida de confianza con la ministra. En ese relato, el problema de fondo fue que Pettovello entendió que su colaborador no le informó con claridad sobre el trámite y que tampoco blanqueó la situación cuando el tema ya circulaba.
Ese punto no es menor, porque deja a Massaccesi en el centro de una discusión doble. Por un lado, la legalidad del crédito, que él defiende sin matices. Por el otro, el plano político interno, donde el Gobierno dejó trascender que el quiebre no fue administrativo sino personal. Ahí se explica la tensión que quedó expuesta entre el descargo del exfuncionario, que se planta en la idea de que actuó dentro de la ley, y la versión oficial, que pone el acento en la confianza rota más que en el préstamo mismo.
En ese marco, Massaccesi intentó defender no solo la operación financiera sino también su paso por Capital Humano. En el mismo mensaje sostuvo que se va “con la tranquilidad de haber trabajado con compromiso” durante casi dos años en el ministerio y deseó que la gestión nacional siga “por la senda del ordenamiento económico”. Esa parte del texto tuvo un tono político claro: no hubo ruptura discursiva con el rumbo del Gobierno, pero sí una necesidad evidente de cuidar su nombre en medio de un episodio que le pegó de lleno.
La controversia en torno a Massaccesi además no quedó aislada de una discusión más amplia. El caso se metió en el debate por los créditos del Banco Nación otorgados a funcionarios y dirigentes vinculados al oficialismo, una agenda que ya venía generando ruido por los montos involucrados y por el costo político de que integrantes del poder accedan a herramientas estatales mientras el Ejecutivo sostiene un discurso severo sobre austeridad. En varias publicaciones se indicó que el exfuncionario aparecía con uno de los préstamos más altos dentro de los nombres que salieron a la luz.
El punto que buscó instalar Massaccesi es que no existió trato preferencial. Su defensa se apoyó en una idea simple: el crédito estaba disponible para quienes calificaran, fue pedido para vivienda única y se ajustó a las condiciones vigentes. Sin embargo, aun cuando esa explicación le sirva para rechazar una acusación de ilegalidad, no alcanza por sí sola para apagar el ruido político de un Gobierno que necesita blindarse frente a cualquier señal de privilegio interno. Ahí es donde su salida cobra otra dimensión y deja de ser solo un tema personal.
Por eso el descargo de Massaccesi no terminó de cerrar la discusión, sino que abrió otra. Su mensaje buscó presentarlo como un funcionario corrido por una situación mal leída o amplificada, mientras que desde la cúpula libertaria dejaron correr que la verdadera falla fue política y no financiera. Entre esas dos versiones quedó parada la noticia del día: un hombre de confianza de Pettovello afuera del ministerio, un crédito hipotecario convertido en problema de poder y una frase final que intentó sonar serena en medio del tembladeral: “Lamento el desenlace”.