El presidente de la FIFA confirmó que buscará otro mandato para 2031, con apoyos regionales fuertes y críticas abiertas por precios, política y expansión del negocio.
Gianni Infantino confirmó en Vancouver que será candidato a la presidencia de la FIFA en 2027 y abrió formalmente una carrera que, por ahora, aparece más ordenada por los apoyos internos que por una competencia real. El dirigente ítalo-suizo hizo el anuncio en el cierre del 76° Congreso de la entidad, a menos de dos meses del inicio del Mundial 2026 en Canadá, Estados Unidos y México. La elección está prevista para el 18 de marzo de 2027 en Marruecos, uno de los países organizadores del Mundial 2030.
Infantino llegó a la presidencia en 2016, después de la salida de Sepp Blatter, y luego fue reelegido sin oposición en 2019 y 2023. Ahora buscará conducir el organismo durante el período 2027-2031. Reuters consignó que el propio dirigente se declaró “honoured and humbled” por la posibilidad de competir nuevamente, una fórmula breve pero suficiente para ordenar el mensaje político ante las 211 asociaciones miembro.
La FIFA difundió su intervención con un eje institucional claro: desarrollo, igualdad formal entre federaciones y reinversión de los ingresos globales del fútbol. “I will be (a) candidate for the election of FIFA President next year”, dijo Infantino ante los delegados. En el mismo discurso, sostuvo que las 211 asociaciones tienen el mismo valor dentro del organismo y que los recursos generados por torneos como el Mundial masculino, el Mundial femenino y el Mundial de Clubes vuelven al desarrollo del fútbol.
El dato de poder está en los respaldos previos. La Confederación Africana de Fútbol y la Confederación Asiática confirmaron apoyo a Infantino antes del anuncio formal. África y Asia reúnen 101 votos sobre 211 en la elección presidencial de la FIFA. A eso se suma el respaldo de la Conmebol, que ya anticipó su acompañamiento. Con ese mapa, la candidatura llega con una base política muy amplia y con bajo margen, al menos por ahora, para una oposición competitiva.
La elección en Marruecos también tiene lectura política. Rabat será sede del Congreso electoral y Marruecos integra, junto con España y Portugal, la organización del Mundial 2030. En medios españoles, como AS, se leyó ese escenario como una señal de peso institucional para el país africano y como un llamado de atención para la federación española, que necesita sostener un vínculo fluido con la FIFA en la disputa por sedes y protagonismo dentro del torneo de 2030.
Infantino construyó su mandato sobre una ampliación del producto FIFA. El Mundial masculino de 2026 será el primero con 48 selecciones y 104 partidos. La Copa del Mundo femenina ya se expandió a 32 equipos en 2023. La entidad también impulsó un nuevo Mundial de Clubes con mayor escala comercial. Para sus aliados, ese crecimiento representa más ingresos y más fondos para federaciones nacionales. Para sus críticos, expresa una FIFA cada vez más volcada al negocio, con calendarios más cargados y decisiones tomadas desde una mesa concentrada.
El propio discurso oficial buscó mostrar cifras. Según FIFA, en los últimos diez años se invirtieron 5.000 millones de dólares en desarrollo a través del programa FIFA Forward. Para el ciclo 2027-2031, la entidad prevé elevar esa partida a 2.700 millones de dólares, con una suba del 20% respecto del ciclo previo. Ese flujo de recursos ayuda a explicar parte del respaldo de federaciones pequeñas y medianas, para las que la relación con Zurich puede definir infraestructura, torneos juveniles y proyectos locales.
Pero el Congreso de Vancouver no quedó reducido a una presentación ordenada. La reunión también expuso tensiones políticas que el fútbol global no consigue dejar afuera. The Guardian informó que un intento de acercamiento entre dirigentes de las federaciones de Palestina e Israel terminó en una escena incómoda, cuando Jibril Rajoub, presidente de la federación palestina, rechazó posar junto a Basim Sheikh Suliman, vicepresidente de la federación israelí. El episodio ocurrió en el mismo Congreso donde Infantino volvió a usar un lenguaje de unidad y paz.
La agenda política también cruzó el Mundial 2026. The National informó que la delegación de Irán no participó del Congreso tras denunciar maltrato en controles migratorios en Canadá. Infantino, en paralelo, afirmó que Irán jugará el torneo en Norteamérica y también disputará partidos en Estados Unidos. La definición buscó despejar dudas deportivas en medio de una coyuntura internacional cargada por la tensión entre Washington, Teherán e Israel.
Sobre Infantino pesan además críticas por los precios de entradas del Mundial 2026 y por su cercanía con Donald Trump, a quien la FIFA le entregó el primer Premio FIFA de la Paz durante el sorteo mundialista de diciembre. Reuters y Al Jazeera señalaron ese punto como uno de los cuestionamientos más visibles a su gestión, junto con la expansión de torneos y la orientación comercial del organismo.
El movimiento de Infantino combina continuidad institucional y cálculo político. Con las principales confederaciones alineadas, el Mundial 2026 como vidriera inmediata y el Congreso de 2027 fijado en territorio marroquí, la FIFA llega a su próxima elección con un oficialismo robusto. La discusión, más que sobre nombres alternativos, empieza a girar alrededor del modelo: una organización con ingresos crecientes, fuerte despliegue global y una conducción que mezcla desarrollo deportivo, expansión comercial y diplomacia en zonas cada vez más sensibles.