El BCRA sumó 80 ruedas con compras de dólares y acerca al Gobierno a la meta anual, aunque reservas netas y FMI siguen bajo presión.
El Banco Central volvió a cerrar una rueda con saldo comprador y llegó a 80 jornadas consecutivas adquiriendo dólares en el mercado mayorista. La entidad sumó este martes US$69 millones y elevó a US$7.291 millones el acumulado de compras en lo que va de 2026, una cifra que equivale a cerca del 73% del objetivo anual de US$10.000 millones previsto dentro del esquema monetario y cambiario.
El dato aparece como una de las principales señales que el Gobierno busca exhibir ante el mercado y el Fondo Monetario Internacional. En una economía donde la discusión cambiaria ordena expectativas, precios y decisiones de inversión, cada compra del Central funciona como una medida de confianza sobre la capacidad oficial para sostener el esquema sin tensiones abruptas. Sin embargo, la lectura técnica exige separar dos planos: la compra de divisas en el mercado y el nivel efectivo de reservas internacionales.
El BCRA informó en sus indicadores oficiales que las reservas internacionales brutas se ubicaban en US$44.516 millones al 30 de abril, con cifras provisorias sujetas a valuación. Ese número no se mueve solo por compras de dólares: también inciden pagos de deuda, movimientos de encajes bancarios, variación del oro, operaciones con organismos internacionales y otros factores contables. Por eso, una racha compradora no implica automáticamente una mejora equivalente en reservas netas.
La clave está en el compromiso asumido con el FMI. El organismo proyectó para 2026 una suba de al menos US$8.000 millones en reservas internacionales netas, sostenida por financiamiento externo y por compras de divisas del Banco Central por al menos US$10.000 millones durante el año. Ese objetivo forma parte del andamiaje financiero que acompaña el programa económico de Javier Milei y que condiciona futuras revisiones del acuerdo.
En esa línea, el Central llegó temprano a una porción importante de la meta. Para el equipo económico, comandado por Luis Caputo y con Santiago Bausili al frente del BCRA, la acumulación de dólares es una condición necesaria para sostener la baja de la inflación, reducir la vulnerabilidad externa y mantener controlada la transición hacia un régimen cambiario más flexible. Pero el margen sigue siendo estrecho: Argentina todavía arrastra vencimientos relevantes con organismos internacionales y una demanda de dólares que puede aumentar si se recalientan importaciones, turismo o dolarización de carteras.
La señal de fragilidad apareció en paralelo. Ámbito informó que el Tesoro volvió a comprar Derechos Especiales de Giro a Estados Unidos, por el equivalente a US$819 millones, para afrontar un pago de intereses con el FMI. La operación se realizó con el Exchange Stabilization Fund, dependiente del Tesoro estadounidense, y fue presentada como un mecanismo habitual para cumplir obligaciones con el organismo.
Ese movimiento permite una lectura doble. Por un lado, muestra que el Gobierno mantiene canales financieros activos con Washington y consigue administrar vencimientos sin abrir una crisis de pagos. Por otro, confirma que la acumulación de reservas todavía no alcanza para despejar la dependencia de instrumentos externos cuando se acercan compromisos con el Fondo. En términos políticos, el oficialismo puede mostrar dólares comprados en el mercado; en términos financieros, aún necesita sostener confianza, rollover y apoyo internacional.
El esquema cambiario también aporta contexto. El BCRA puso en marcha en abril de 2025 un régimen de bandas dentro del cual el tipo de cambio fluctúa según oferta y demanda, con límites de intervención. Para el 5 de mayo de 2026, los indicadores oficiales marcaban un tipo de cambio mayorista de referencia de $1.395,1909 por dólar y una banda superior de $1.712,43, lo que dejaba margen operativo antes de una intervención por techo.
Ese margen ayuda a explicar la continuidad de las compras. Con oferta privada, liquidaciones del sector exportador y menor presión sobre el dólar oficial, el Central puede absorber divisas sin tensionar el precio. Pero esa dinámica depende de una ecuación fina: si el tipo de cambio queda atrasado frente a costos internos, algunos sectores exportadores pueden demorar liquidaciones; si se acelera demasiado, vuelve el riesgo de traslado a precios. El equilibrio, entonces, no es solo monetario, también político y productivo.
Para las provincias exportadoras, mineras y agroindustriales, la acumulación de reservas tiene una traducción concreta. Un Banco Central más fuerte reduce riesgos de restricciones cambiarias, mejora condiciones para importación de insumos y puede ordenar expectativas de inversión. Pero para sectores industriales dependientes del mercado interno, un dólar contenido combinado con apertura importadora puede profundizar la presión competitiva. La política económica oficial se mueve entre esos dos efectos.
El Gobierno convirtió la racha compradora en una señal de estabilidad, y el dato no es menor: después de años de crisis recurrentes de reservas, sostener 80 ruedas con saldo positivo marca un cambio de dinámica. El punto a observar no es solo cuánto compra el BCRA, sino cuánto logra retener después de pagos, vencimientos, encajes y movimientos financieros. Ahí se juega la consistencia del programa: transformar compras diarias en reservas netas disponibles, y reservas disponibles en confianza sostenida.